Acerca de metrópolis y vida mental

Antes de dormir, es el momento más individual que poseemos y ya estamos pensando la hora en la que debemos despertar al día siguiente, si tenemos completo el dinero para trasladarnos, para la alimentación y, por consecuencia repetimos el proceso de preocuparnos por conseguir más dinero, en cumplir las responsabilidades que hemos asumido; con el objetivo, más claro en algunos casos, de sobrevivir, lo que de seguro marcará la agenda de nuestra cotidianidad y de nuestras relaciones. Las imágenes de los sueños, pronto se confunden con el ajetreo que desde el despertar se manifiesta en las metrópolis, el baño, el rápido desayuno, la puntualidad impuesta, así como, las condiciones del sistema de transporte, viajar a la velocidad que el tráfico establece, perder la individualidad en un proceso caudaloso de encontrarse con otros sujetos en la experiencia del traslado a sus destinos, cual ganado al matadero, dentro de las cercas que la vía más expedita establece, las múltiples imágenes allanan el camino de un día que estará definido por los acertados comportamientos en cada una de las relaciones y en cada uno de los sucesos; la familia, la pareja, las amistades, el trabajo, la academia, la política, los medios de comunicación, la religión, la economía, entre otros medios de relaciones, influenciarán nuestro modo de socializar e impondrán las preocupaciones que antes de dormir, marcarán nuestras próximas agendas.
Hoy en día, quienes vivimos en las agitadas ciudades impuestas desde el siglo XVII, padecemos con lujo de detalle las características que se plantean en torno a la Metrópolis y vida mental (Simmel, 1903), pero, con la adición de múltiples elementos que condicionan la vida en sociedad y la adaptación al sistema, propia de esta nueva modernidad, donde el individuo, no sólo lucha por no desaparecer, sino también, para adaptarse o participar, o mejor, donde el sistema social con sus amplios métodos, forja, mantiene y renueva las individualidades y las características que en éstas se puedan manifestar. Si ya de por sí, los elementos enajenadores del sistema capitalista, tienen la influencia en los individuos, que el poder del sistema dominante le confiere, se tendría que tomar en cuenta, los múltiples rasgos que dibujan la cotidianidad, que saturan y comprometen la esencia de los individuos que habitan en las metrópolis.
Cómo suponer que un sujeto, que debe planificar su existencia en base a la posesión o no del dinero, elemento condicionante para el accionar y distribución del tiempo, pueda influir como individuo sobre la sociedad, si su propia cotidianidad esta ya determinada por las exigencias que la sociedad le impone para sobrevivir; y si en su vida diaria, las relaciones y condiciones de la sociedad causan una saturación de su propia identidad, ¿no es a caso la influencia que como individuo se pueda ejercer sobre la sociedad, ya predeterminada? ¿Quién o qué estipula esta influencia? Lo lógico sería pensar que los cambios que en la sociedad se dan, protagonizados por individuos, son el resultado de intereses, que se van a manifestar por medio de individuos, pero que, de por sí, predeterminan cualquier cambio y sus consecuencias en la sociedad. Sin embargo, los intereses están enmarcados y seguirán manteniendo un sistema dominante, sobre la individualidad y sus esencias.

Published in: on 14 febrero, 2010 at 12:00 PM  Dejar un comentario  
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