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“Un pueblo puede tener piedras, garrotes, pistolas o cañones;
aún así, si no tiene libros está completamente desarmado”
Ricardo Combariza
Fue aprobada en el Consejo Universitario del 1ero de junio y por unanimidad, la consulta a la comunidad sobre la instalación de los portones en las entradas de la Universidad, pareciera que el Consejo Universitario olvida que la Universidad debe estar abierta al pueblo, entonces, ¿esta consulta es en verdad necesaria? no sólo trata de preservar un parque para los caraqueños, o de permitir un corredor vial para quienes intentan escapar de las interminables colas, mucho menos se trata de una frontera abierta para el hampa. Si en verdad quisiéramos ver las implicaciones del separatismo propuesto, deberíamos por lo menos pensar en pasearnos por los principios fundamentales de los derechos humanos o por los pilares de la Universidad venezolana.

Casi como una etiqueta de la actual gestión rectoral, se encuentran los permanentes intentos de instalación de los mentados portones, en esta oportunidad, se le pretende atribuir a la delincuencia la urgencia por la aprobación de esta medida y en realidad, no hay que negar que la historia reciente de nuestra Universidad está marcada por varios acontecimientos delincuenciales y violentos que resaltan emociones. Sin embargo pensar que los portones van a ser la cura milagrosa a los problemas de inseguridad de nuestra Alma Mater, simplemente es ingenuo, incluso para quienes aparentan ingenuidad. Se trata del camino más sencillo, de la salida más cómoda, es desconfianza a nuestro pueblo, claro, como no se puede determinar quién es el delincuente, lo necesario para prevenir los crímenes en el campus es limitar el acceso, es decir,  por uno pagan todos, esta medida excluyente terminará por convertir a la UCV en una caja negra con posibilidades de privatizaciones, en todo caso, eso es lo que representa un portón “propiedad privada”. Por tanto debemos evitar que nos estén acostumbrando a una Universidad cerrada al pueblo o a una Universidad con acceso restringido.

El argumento para simpatizar con los portones seguirá siendo el de evitar la delincuencia, pero una institución como el Consejo Universitario, no puede obviar otros mecanismos menos excluyentes. Parece ser que la solución pasa, de todas todas por la instalación de los portones,  pero es allí donde el Consejo Universitario desconoce a la propia Universidad, acaso los pilares de la Universidad no son la docencia, la investigación y la extensión. Si el Consejo Universitario considera que los estudiantes y profesores no están en capacidad de brindar una solución  ante la delincuencia en la Universidad, ¿cómo consideran que una vez egresados como profesionales, van a resolver la delincuencia en el País? ¿Por qué creen que esa consulta sólo les compete a los miembros de la comunidad? ¿Será que se esta declarando la incapacidad de resolver problemáticas desde la universidad?, ¿Será que existe una necesidad de aplicar una medida, independientemente de sus consecuencias, para responder a populismos electorales en algunos municipios? O ¿será que todavía no asomamos los intereses por imponernos esta medida?

Si los miembros del Consejo Universitario olvidan, los estudiantes no, ya desde 2009 cuando fuera tiroteado el compañero Carlos Julio Rojas Miembro del Comité Directivo de la FCU en plena Plaza del Rectorado, entre muchos otros casos, se denunciaba la poca formación de los funcionarios de vigilancia, quienes a su vez en algunos casos resultaban cómplices de los delincuentes y para ese año tan sólo eran 200 funcionarios, la ineficiente dotación de implementos que les permitieran cumplir su deber, así como la burla del gobierno al no cumplir con el resguardo de los alrededores del campus, situación que se repite en la mayoría de nuestras universidades y que está aún vigente, con el agravante que hoy en día, esto ya representa la lamentable pérdida del estudiante de FaCES Pedro Trejo. En todo caso a partir de ahora es una obligación para los miembros de la comunidad informarnos con el mayor detalle posible, respetar los proyectos arquitectónicos de Villanueva para la UCV, sin que esto represente un proceso selectivo, prelado por las posibilidades de negocios para  la gestión en turno y tratar de evitar que la Universidad restrinja su acceso al País.

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