El Bugchasing: tabú del tabú

urlTodos los días compartimos nuestras cotidianidades, con lo que nos resulta normal: el cansancio, una risa, un recién nacido, un nuevo reto, el ajetreo del día a día, nuestras interacciones, un funeral, el trabajo, los estudios, una conquista, comer, dormir, caminar, pensar; podrían encabezar la lista de lo que cada quien considera normal, pero en el momento en el que empezamos a comparar lo que es normal para unos, otros empiezan a quedarse en silencio poco a poco, y algunas cosas empiezan a dejar de ser tan normales y pasan a ser patológicas, sinónimo de enfermedad, sufrimiento o rechazo social. “Llamaremos normales a los hechos que prejuzgan las formas más generales y daremos a las otras el nombre de mórbidas o patológicas” (Durkheim, 1895, pág. 101) y esto básicamente ocurre porque lo normal pasa durante la vida y esta es común a todos, mientras los extremos dejan de ser comunes y se dibujan automáticamente en nuestras mentes, como una enfermedad, aunque no sea tal, sin embargo al estar en los extremos de lo común, dominan en estas el desconocimiento, y puede que, por simple instinto de supervivencia, lo desconocido represente un riesgo a la vida. Pero hoy por hoy, no hay forma de saber qué es normal y qué se puede considerar como patológico, lo que en otrora era considerado como patológico, se reviste ahora de total normalidad y lo que en un lugar resulta normal, en otro podría implicar un rechazo automático, pero nuestro mundo, cuenta ahora con un espacio para que todos y cada uno de nosotros podamos sentirnos normales, el internet y más específicamente las redes sociales se han construido como un epicentro de la interacción entre iguales, en donde los grupos sociales se constituyen no por su arraigo geográfico, sino mas bien, por los elementos comunes de sus individuos, lo que modifica sine qua non lo que resulta normal. Solo por poner algunos ejemplos, nadie puede decir que la homosexualidad es una enfermedad, sin que surja un debate ya saldado por la sociedad a través de la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde 1990 cuando determinaron que la homosexualidad no es una enfermedad, mas bien, ahora es normal que en el entorno de cada quien la homosexualidad este presente directa o indirectamente, sin embargo y a pesar de esto, el matrimonio homosexual se mantiene en la sociedad como un tabú; otro ejemplo de lo que hoy es normal, son los derechos políticos y civiles conquistados en torno a la equidad de género, que aun cuando hoy nos resulta normal y lo percibimos como invariable a través del tiempo, son el resultado de luchas y conquistas al respecto, nuevamente con los vestigios sociales de la complicidad masculina y el maltrato a las mujeres que aun está latente, pero aun mas contradictorio puede llegar a ser, colocar en este listado de ejemplos de normalidad a enfermedades como el cáncer o el SIDA, pero lo cierto es que, en nuestras sociedades, también es normal la enfermedad y aun cuando no representan para nada un sinónimo de vida, se hacen tan comunes que el desconocimiento ya no está presente en ellas, y ciertamente aun cuando no tienen un cura, en la sociedad al menos le mencionan como una advertencia a quienes, fuman o tienen sexo sin preservativos como un habito «normal».

Venezuela no es ajena a este debate entre lo normal y lo que la sociedad en su momento considera patológico, seguramente ha pasado en diversas oportunidades, pero en especial con respecto al SIDA, la desinformación y el temor de la sociedad, llevó a considerar a los homosexuales como un grupo desacreditable por la estrecha relación que guardaban con la enfermedad. “El problema no consiste en manejar la tensión que se genera durante los contactos sociales, sino mas bien en manejar la información que se posee acerca de su deficiencia. Exhibirla u ocultarla; expresarla o guardar silencio; revelarla o disimularla; mentir o decir la verdad; y en cada caso, ante quién, cómo, dónde y cuándo” (Goffman, 1963, pág. 56) prueba de ello son los tratos dirigidos por las autoridades, o la desinformación que se manejó en los medios de comunicación “Cuando el virus llegó al país (porqué llegó por igual a todas partes del mundo) se hablaba de «cáncer gay», «la enfermedad de las mariposas», la «peste rosada»… y como estaba relacionado con las comunidades homosexuales no se hizo absolutamente nada por el maldito prejuicio de que era una cosa exclusiva de los homosexuales. Se perdió mucho tiempo pensando que era preferible estigmatizar a los homosexuales, hacer una cacería de brujas… esa fue una época en la que se reprimió mucho la conducta homosexual que ya en Caracas era terreno completamente ganado” (Rodríguez, 1996, págs. 95-96) de hecho “En ese tiempo hubo una seria represión, hubo muchos allanamientos a los locales gay, había muchos problemas con el hecho de ser homosexual… …Si algún policía sospechaba que tú eras homosexual eso le bastaba para llevarte a la jefatura. Además hubo una campaña en algunos medios de comunicación amarillistas, como el 2001, Meridiano, Ultimas Noticias, El Mundo, que se referían al SIDA en estos términos: «cáncer gay cobra nuevas víctimas», «cáncer gay en la farándula»” (Rodríguez, 1996, pág. 96) Ante esta realidad, la única alternativa de la comunidad homosexual fue organizarse y del mismo modo como entro el SIDA a Venezuela, quienes viajaban a Estados Unidos, traían y traducían la información que allí se manejaba, se repartían folletos con preservativos en algunos casos en ingles, pero el resultado fue indiscutible, la comunidad gay aprendió mucho más sobre el SIDA que los heterosexuales. Pero el estigma que marcó desde el surgimiento de la enfermedad en Venezuela a los homosexuales los acompañó permanentemente “En la situación de la falsa acusación, la persona es vista por los otros como el autor de una acción impropia, aunque de hecho no sea el caso” (Becker, 1963, pág. 40) como si fueran una comunidad de depravados y a pesar que en la actualidad la homosexualidad está relativamente aceptada en la ciudad de Caracas, como en el resto de las grandes capitales mundiales, es normal, que los homosexuales traten de impregnar de color y vitalidad su identidad, es normal que realicen ejercicios frecuentemente para alejarse de la apariencia de la enfermedad que los marcó, pero también es normal que se les siga estigmatizando.
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Con la complejidad con la que se caracterizan los hechos sociales, En 1999 se advirtió una tendencia en la comunidad homosexual a tener sexo sin hacer uso de preservativos (Gauthier & Forsyth, 1999) lo que derivó en la práctica sexual con la intención de contagiarse de VIH o SIDA y ya que esta práctica se asoció rápidamente al uso de internet por parte de la comunidad homosexual, se fue estructurando rápidamente, con conceptos claramente definidos en donde básicamente, el «bugchasing» o cacería del bicho en español, se refiere a la práctica sexual sin preservativos o «barebacking» con individuos diagnosticados con VIH o SIDA a quienes los «bug chaser» definen como «gift givers» (quienes dan el regalo en referencia a la enfermedad) sin embargo los motivos por los cuales se organizan estos encuentros no quedan claros, entre quienes intentan conocer al respecto “La excitación comienza antes de traspasar la puerta, mucho antes de contemplar los cuerpos desnudos y entablar contacto físico. Desde el momento en que a través de internet se fija un día y un lugar, los nervios están a flor de piel. Los convocados imaginan una y otra vez cómo se desarrollará la particular orgía a la que van a asistir, quién será quién en la ruleta rusa sexual. Una peculiar reunión en la que uno de los participantes tiene un arma que excita al resto” (Lantigua, 2013) y a pesar que a nivel psicológico se está considerando esta práctica como una forma de auto daño, no hubiera ocurrido si los laboratorios farmacéuticos a finales de la década de los 90 no hubiesen desarrollado los medicamentos retro virales, que mantienen la enfermedad a raya. Por tanto, el análisis sociológico se centra en los constructos de las motivaciones, pero sobre todo en las implicaciones sociales “cabe señalar que casi todas las investigaciones sobre la desviación se ocupan de cuestiones que surgen de concebirla como algo patológico, vale decir que intentan descubrir la etiología de la enfermedad, las causas del comportamiento indeseado” (Becker, 1963, pág. 42)

En Venezuela, aun no se reúnen las pruebas para determinar que se estén convocando encuentros de «barebacking», sin embargo, el secretismo al respecto, parece ser el mismo que se denuncia en otros países en los cuales si se ha demostrado y por otra parte, no hay forma de cuantificar esta práctica, ya que las organizaciones de salud gubernamentales y no gubernamentales aun no construyen los indicadores que lo puedan demostrar, sin embargo, gracias a una fuente reservada y privilegiada, debemos alertar que en el 2014 al menos un encuentro de «bugchasing» se realizó en la ciudad de Caracas. Ahora bien, la característica de los infectados tras la práctica del bugchasing a nivel mundial, ubican a los infectados en una comunidad homosexual de edad muy joven, por lo cual, justifican las autoridades de los otros países de la región (Perú y Colombia), los riesgos de irreversibilidad no son considerados a conciencia antes de los encuentros, tan solo, las motivaciones. “El movimiento es tan oculto y tan secreto que algunos expertos hasta dudan de su existencia” (Lantigua, 2013) y la comunidad homosexual, estigmatizada por su relación con el SIDA, advierten el riesgo de que se les relacione con el «bugchasing», como se les relacionó en su momento con el SIDA o más específicamente, con el estigma de depravación que se les atribuyó.

Ciertamente, lo patológico no se le puede atribuir a individualidades, ya que no los conocemos, no conocemos sus motivaciones o los constructos que los ubican en estos eventos, pero, seguramente como grupo social, recaerían inmediatamente, los estigmas, incluso de las comunidades homosexuales. Por lo reciente y poco estudiado, el «bugchasing» más que una patología, una desviación o un estigma, es un tabú del que solo se habla en la clandestinidad de quienes lo convocan.

Bibliografía

Becker, H. (1963). Outsiders hacia una sociología de la desviación. Madrid: Siglo Veintiuno Editores.
Durkheim, E. (1895). Las reglas del método sociológico. Mexico: Fondo de Cultura Económica de Mexico.
El Bug chasing, la moda de contagiarse el SIDA. (25 de noviembre de 2013). Recuperado el 19 de mayo de 2015, de Cribeo: http://www.cribeo.com/estilo_de_vida/1214/el-bug-chasing-una-practica-peligrosa
Gauthier, D. K., & Forsyth, C. J. (1999). Bareback Sex, Bug Chasers, and the Gift of Death. Deviant Behavior 20 , 85-100.
Goffman, E. (1963). Estigma La identidad deteriorada. Buenos Aires – Madrid: Amorrortu editores.
Lantigua, I. F. (24 de noviembre de 2013). Yo jugué a la ruleta rusa del sida (Bugchasing). Recuperado el 25 de mayo de 2015, de Taringa!: http://www.taringa.net/posts/salud-bienestar/17351868/Yo-jugue-a-la-ruleta-rusa-del-sida-Bugchasing.html
Rodríguez, A. (1996). De eso no se habla (La huella del SIDA en Venezuela). Caracas: Alfadil Ediciones y ExcesO.

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2 comentariosDeja un comentario

  1. Es lamentable que hoy día con los avances tecnológicos y la velocidad con la cual disponemos de información, las personas sigan siendo estigmatizadas y el mundo en general condene lo que no considere “normal”, la normalidad es tan subjetiva que termina causando males a la sociedad debido a los juicios que los miembros se atribuyen para señalar y condenar. Pareciera que cada dia importan menos las personas y sus sentimientos. Hipocrecia, falsos valores y doble moral nos destruyen.

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